EL Mundo|Mateo 7.24

Autor: Sergio Esteban Vélez
31 de Julio de 2009

Mateo Blanco es toda una revelación de nuestra música. Y la mejor prueba de su talento es el nuevo disco, “Mateo 7.24”, que pronto será lanzado oficialmente en los Estados Unidos y en varios países de Latinoamérica. En este disco compacto, por el cual ha apostado el sello Global Entertainment Music, Blanco hace un recorrido por diversos ritmos latinoamericanos, a través de los cuales puede demostrar la versatilidad y potencia de su voz.

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En este álbum (del cual, parte de las ganancias obtenidas se destinará a obras benéficas), descuella la categoría de los miembros del equipo que ha acompañado a Blanco en su producción: destacan los arreglos del compositor Gustavo Arenas, quien ha sido nominado al Latin Grammy, en varias oportunidades, y la participación del guitarrista y productor Dan Warner, quien ha sido ganador de galardones de la talla del Grammy y del EMI. También es sobresaliente el trabajo de Vinicio Ludovic, creador de los arreglos principales de los mambos, quien se ha dado a conocer como bajista de Carlos Vives . Y José Aguirre se luce, a cargo de los vientos, con la misma energía y virtuosismo que demostró en sus años de trabajo con el grupo Niche y con Yuri Buenaventura. Excelentes también la cantante acompañante Catalina Rodríguez, el guitarrista, Santiago Jiménez y el tradicional cantor de nuestra Costa Caribe Gabriel Romero.

Mateo 7.24 nos abre un muy interesante panorama, donde se logran combinaciones de instrumentos y ritmos que podrían pensarse inverosímiles, pero que al final producen un resultado encantador. Blanco, siguiendo el ejemplo de Plácido Domingo, interpreta obras populares autóctonas con el refinado toque académico de su voz de tenor (aunque algunos lo clasifican mejor como “barítono-Martin”, teniendo en cuenta el color y la extensión de su voz).

Esta producción es el resultado de la intensa preparación del artista, quien ha asumido su identidad musical, desde los comienzos de la adolescencia. Lo conocí hace unos diez años, a través de la soprano lírica argentina Elisa Brex, una de sus propulsoras. En esos tiempos, cuando Brex, Gloria Zea y otros dirigentes de nuestra música culta le profetizaban un brillante avenir como cantante, su interés estaba centrado en las mejores óperas del repertorio italiano (especialmente de la sublime trilogía de Verdi), cuyas máximas arias llegó a dominar. Alternaba sus horas entre el estudio de la secundaria y el cultivo de sus dotes vocales y, no obstante su juventud, se contaban ya entre sus admiradores importantes personajes de nuestra cultura, como David Manzur y Débora Arango, quien, en una entrevista, aseguró, hablando sobre Mateo, que: “Su voz es como un trueno que llega directamente a los corazones de quienes lo escuchamos”. Por su parte, el maestro Camilo Isaza Torres y su esposa, mi querida amiga doña Helena, convencidos del talento de este joven, se convirtieron en patrocinadores de sus primeros experimentos de grabación.

Y tenían razón quienes lo apoyaron desde un comienzo, pues, una vez Mateo viajó a los Estados Unidos, para especializarse en la Florida Atlantic University, logró impresionar muy positivamente a sus profesores y a distinguidos músicos residentes en el gigante del Norte, como el conocido compositor George David Wiss, la inefable soprano Renée Fleming y la célebre Aretha Franklin, con quien tuvo el honor de interpretar a dúo “Bésame mucho”. Así, no tardó mucho para que nuestro cantante fuera invitado a participar en conciertos en los que pudo mostrar su talento ante personalidades mundiales como el ex presidente estadounidense George Bush y el antiguo premier británico Tony Blair.

En esos andares, conoció al distinguido productor Gustavo Arenas, quien sería su vínculo de entrada a los estudios de Global Entertainment Music. Y he aquí el resultado: “Mateo 7.24”, un trabajo discográfico con todos los ingredientes necesarios para lanzar a un artista con seguridad.

Me uno, pues, a los comentaristas que han exaltado la importancia del nacimiento a la luz de esta nueva figura colombiana, que enaltece la imagen de nuestros jóvenes en otras latitudes.

Punto aparte: En la amena columna “Nombres y apellidos” (La Patria, 12 de julio), mi admirado colega Orlando Cadavid dice que: “El cantante Miguel Bosé, lleva artísticamente el apellido de su mamá (la actriz italiana Lucía Bosé) y no el de su difunto padre, el mítico torero ibérico Luis Miguel Dominguín”.  A este comentario, habría valido la pena agregar que el apellido de ese torero nunca fue Dominguín, sino González , el cual, por ende, es el primer apellido de su hijo el cantante, cuyo nombre de pila es Miguel Luchino González Bosé (el “Luchino”, en homenaje a su padrino de bautizo, el director italiano Luchino Visconti).

Gazapo: El Espectador del pasado 24 de julio presenta el siguiente titular: “Eurodiputados piden ayudar a frenar persecusión contra Alfredo Molano”.  Sería importante hacerle saber al periodista que su artículo ha debido hablar de “persecución” y nunca de “persecusión”, palabra que no aparece en el diccionario.

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